miércoles, 29 de julio de 2020

Voices, o la transición perfecta de Hall & Oates hacia los '80


A finales de la década de 1970 muchas de las bandas o solistas formados en la resaca de Woodstock y el ácido lisérgico apostaron a renovarse y amoldar su compostura a los nuevos tiempos. La necesidad de ampliar el espectro de oyentes, evitar la expiración de contratos, atravesar las crisis de mediana edad, o simples búsquedas sonoras llevaron a que diferentes artistas catalogados en un rincón específico de las bateas se animaran a cruzar las vías estilísticas, con mejores o peores resultados.
Algunos fueron conmovidos por la efervescencia subversiva de la entonces joven subcultura punk y sus ramificaciones. Otros se apegaron a la plasticidad y posibilidades atmosféricas otorgadas por los cada vez más asequibles y manejables sintetizadores que parecían únicamente afectados a la élite del rock sinfónico, la Funkadelic o los millonarios productores de música disco.
En la vorágine de esa transición, bastarda y hermosa a la vez, musical y también de paradigmas políticos y socio-económicos, vagaba entre las radios del mundo con algunos hits, el dúo conformado por Daryl Hall & John Oates, dos tipos bastante alejados de la espectacularidad y la estridencia escénica rockera pero que sostuvieron un digno derrotero de giras por Estados Unidos y Europa, cosechando un público fiel y exigente. Con un modesto pasar comercial, a fuerza de singles como She's Gone, Sara Smile o Rich Girl, se erigieron como referentes del soul hecho por blancos, amparados en la sofisticada voz de un rubio que siempre quiso ser negro y las melodías compuestas por un guitarrista de raíces italo-gibraltereñas. Así fue que el combo radicado en New York fue elaborando una trayectoria con ocho discos que tomaron los grooves más cadenciosos y suaves del "Sonido Philadelphia", metiendo algún que otro compás de rock y presumiendo una imagen urbana que podía considerarse de "oficinista-glam". 
La novena criatura de estos muchachos significó el cambio de paradigma que tímidamente habían experimentado con X-Static (1979), una producción irregular dónde no quedaba clara la dirección y rompió una seguidilla de cuatro años consecutivos consiguiendo la certificación de Disco de Oro, privilegio que tuvieron desde su desembarco en RCA con Daryl Hall & John Oates (1975), Bigger Than Both of Us (1976), Beauty on a Back Street (1977) y Along the Red Ledge (1978).
El declive estrepitoso en las ventas obligó a replantear varios aspectos y uno de ellos fue la producción, desistiendo de la mano de David Foster y encarar de esa forma un acto de confianza y demostración de madurez hacia la compañía que empezaba a dudar del rumbo tomado. Y un poco ellos también. 
Debían entrar a la nueva década con la fuerza sonora, fresca y compacta que esta misma exigía. Y así lo hicieron.
Voices se editó el 29 de Julio de 1980, con 11 canciones donde retomaron la construcción de armonías vocales propias del soul clásico, le dieron más agresividad a la percusión sin perder limpieza, las guitarras se volvieron más afiladas y saturadas, apoyados en un colchón de sintetizadores y teclados del que no abusaron acordes al uptempo de la New Wave reflejada en grupos como Talking Heads, The Cars o B-52's por solo nombrar algunos.
Los primeros cuatro tracks (How Does It Feel To Be Back, Big Kids, United State, Hard To Be In Love With You) reúnen todos esos elementos hasta llegar a Kiss On My List, que comienza con la aparición la mítica caja de ritmos Roland CR-78 en conjunto con la batería acústica comanda por Jerry Marotta, eximio sesionista acostumbrado a las nuevas tecnologías merced a su acompañamiento al desenlace en solitario de Peter Gabriel. El piano ligeramente un tono más arriba de la voz, un solo de guitarra proporcionado por G.E. Smith con tintes muy épicos para los estándares del pop de entonces, terminaron por consolidar un clásico y la personalidad de la banda. Lanzada como single ocho meses después, consiguieron volver al número 1 de la listas, algo que no conseguían desde Rich Girl (1977) y convertirla también en una de las primeras canciones en llegar al tope del Hot 100 de Billboard que utilizaba percusión sintetizada.
Continuando con el lado A de este LP, el mismo cerraba con Gotta Lotta Nerve (Perfect Perfect), una especie de mutación genética entre los ejercicios de un coro gospel acapella y Devo.
La cara opuesta tendría más elementos deudores de su formación en el "blue-eyed soul" pero aggiornados al momento, tal como demuestran en el cover de You've Lost That Lovin' Feeling de los Righteous Brothers y la balada climática y desgarradora Everytime You Go Away, popularizada luego en 1985 por Paul Young pero carente de la interpretación dramática de Hall.
La tribal y rayana al post-punk británico Africa (¿una posible inspiración que tomó Kenny Loggins para su intro de Footlose?) Diddy Doo Wop (I Hear the Voices) sostienen la absorción de los sonidos de la nueva era y su conexión indeleble con el universo del R&B.
La gozosa y bailable You Make My Dreams completa la obra que a 40 años de su lanzamiento resume de manera efectiva la transición perfecta que emprendieron hacia el Olimpo del Pop de los '80 y que alcanzarían con los taquilleros Private Eyes (1981), H2O (1982) y Big Bam Boom (1984) para luego ir descendiendo hacia el inexorable desgaste, la escapada hacia proyectos personales y el merecido reposo en los laureles conseguidos.


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